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lunes, 25 de julio de 2016

CONTINUACIÓN

La Sra. Maxtin se había sentado en una de las sillas para clientes. Tomás Jiménez, el ayudante, había puesto dos pequeñas linternas sobre las mesas. Se había desposeído de Dios adverso. Volvía a ser él otra vez, pero sólo por unos pequeños instantes...

La tormenta seguía y no se podía salir a la calle, estaba todo inundado. Habría que esperar casi una hora para que cesase un poco la fuerte lluvia, tiraría a la pequeña anciana al suelo. El viento soplaba tan fuerte que se habían roto algunas ventanas de la parte superior.

El bibliotecario, Carlos John, consiguió regresar, había ido a la tienda de comidas pre-cocinadas. Estaba a quince minutos ida y vuelta a pie.

La Sra. Maxtin se dirigió a pagar el ejemplar nuevo de la biblia.

-  ¿Cuánto es joven?  -  preguntó la anciana.

-  De momento no, Martha  -  le contestó con una voz muy dulce Tomás  -  no puedo hacer caja, hoy en día está todo conectado a la luz.

-  Te lo intentaré dar exacto, Tomás  -  insistió Martha Maxtin.

-  La biblia cuesta exactamente 20 con 25 céntimos  -  contestó el ayudante  -  no te podré dar el ticket de compra, pero te haré una factura a mano. De todas formas, no podrás regresar aún...

-  Tienes razón, Tomás  -  afirmó la dulce anciana  -  hasta que no amengüe la lluvia no me podré mover de aquí. Debí venir con mi chofer Matías.

La Sra. Maxtin sacó otra vez sus gafas y se puso a ojear las páginas de su nueva biblia. Volvió a leer en alto el proverbio de la nueva edición que tenían en la biblioteca de "John Smith", esa pequeña ciudad donde todos, aparentemente, eran muy buenos y cándidos vecinos...

Los comerciales Alfonso y Antonia se levantaron de sus sillas y mientras la anciana se ajustaba sus lentes de contacto, se transformaron en Ramatán II y en Muerte. Martha Maxtin empezó a leerlo una segunda vez con voz muy dulce. Sería, la anciana, el número uno de los 666 clientes elegidos:

"Nuevo lector de mis divinas palabras, seré el dios y adverso...
de todos tus males serás libre, y mis poderes te poseerán,
de libre alma estarán mis ángeles y adversos,
mas entenderás mi don de mí en ti, nuevamente tus ojos leerán".

La anciana cerró muy despacio la biblia y otro trueno muy fuerte se oyó por toda la pequeña ciudad. El estruendo fue tal que un árbol cercano se desplomó sin aliento. Todos dieron un salto por el susto y Muerte empezó a silbar su peculiar canción con la calavera clavada en su rostro. Martha Maxtin vio algo sospechoso en la bella comercial. Su rostro tornó a un blanco pálido y el pánico se notaba en su vieja mirada. Sin embargo, ella decidió callarse y rezar el Padre Nuestro y un rosario susurrando muy bajo.

Ramatán II la cogió por el brazo muy violentamente.

-  Por favor, cayese usted  -  exclamó el comercial demonio  -  todavía tengo señal en el móvil y tengo que llamar a mi superior o nos despedirán. Vamos ya con mucho retraso.

El ayudante Tomás, convertido en Dios adverso, se sentó al lado de la dulce anciana y empezó hablar con ella para evitar sus rezos. Ella seguía con su Rosario en la mente. Ramatán II hizo un gesto con su mano y la Sra. Maxtin se desmayó, Muerte con un baile volando se metió en ella, su cántico del silbido se oía por toda la biblioteca. Carlos John, el propietario, llamó a una ambulancia.

-  Tiene usted dos horas y media de espera  -  le respondió la centralita  -  debe de realizar a la anciana los primeros auxilios. Los tres médicos de esa ciudad están con otros pacientes muy graves. Siga usted estos pasos, yo soy enfermera ayudante...

Se cortó la línea. No había teléfono en toda la comarca. Intentó llamar desde su móvil, pero como era habitual en días de tormenta tampoco tenía cobertura para una llamada de socorro.

La anciana respiraba muy lentamente...

(Continuará...)