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sábado, 25 de junio de 2016

CONTINUACIÓN

La Sra. Maxtin se dirigió al centro de la sala, muy cerca del mostrador de libros. Dejó su paraguas en el paragüero y se dirigió a Tomás, el ayudante del bibliotecario.

-  Hola hijo  -  dijo con voz muy alta  -  vaya día de tormenta. No me ha tirado el vendaval por casualidad.

-  Hola, Sra. Maxtin  -  contestó el ayudante  -  ¿qué desea usted?

-  Por favor, no me hables de usted  -  le rogó la anciana  -  quiero una biblia. Ha entrado agua en mi casa y me ha mojado todo lo que estaba a baja altura. La tenía en mi mesilla de noche.

-  Todavía quedan. No te preocupes Martha  -  le contestó Tomás muy amable.

La anciana se dirigió hablar con Muerte, ya estaba transformada en la bella comercial.

-  Perdone joven  -  dijo Martha  -  ya está atendida, ¿verdad hija?

La comercial Antonia la asintió haciendo un gesto de afirmación con la cara. De improviso Tomás Jiménez se trasformó internamente en Dios adverso.

-  Martha mira, aquí tienes un nuevo ejemplar  -  dijo el demonio con la voz del ayudante  -  por favor, entra en la primera hoja y lee el proverbio. Es precioso...

Martha Maxtin abrió la nueva edición, se puso sus lentes para poder ver mejor y leyó en voz alta:

"Nuevo lector de mis divinas palabras, seré el dios y adverso...
de todos tus males serás libre, y mis poderes te poseerán,
de libre alma estarán mis ángeles y adversos,
mas entenderás mi don de mí en ti, nuevamente tus ojos leerán".

La anciana se quitó las gafas. Un trueno muy fuerte se oyó y se volvió a ir la luz en toda la pequeña ciudad. Mientras, Ramatán II y Muerte silbaban los dos su peculiar canción.

(Continuará...)