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miércoles, 23 de diciembre de 2015

CONTINUACIÓN

Carlos John y los dos comerciales visitantes se sentaron alrededor de una mesa redonda que tenían en un pequeño despacho.

La mujer vestida toda de blanco, sutilmente, cruzó sus largas y esterilizadas piernas. Sacó de su carpeta de vestir unos folletos encuadernados y un mini ordenador. Su acompañante empezó hablar mientras el rostro de la mujer volvió a convertirse en una calavera. En el bibliotecario se notaba el pánico, pasaron unos segundos en silencio y llamó a su ayudante Tomás.

-  Deja la puerta abierta  -  interrumpió Carlos John al comercial masculino  -  hace mucho calor. Llega a ser asfixiante el ambiente aquí dentro. Continúe usted. Lo siento.

-  Como le iba diciendo  -  continuó el chico  -  mi compañera y yo veníamos a ofrecer un suculento proyecto de venta de libros a domicilio. Cierre por favor la puerta. Yo le dejo un bello abanico...

El librero de préstamos se levantó a cerrarla mientras el negociante dejó sobre la mesa un negro abanico con un gran esqueleto dibujado en medio.

-  ¿Sus nombres son?  -  preguntó el Sr. Pérez .

-  Yo me llamo Alfonso y ella se llama Antonia  -  contestó el hombre.

-  Te equivocas Alfonso  -  le interrumpió ella  -  yo me llamo Muerte y soy la suya.

La cara del bibliotecario se quedó completamente blanca al igual que los ojos de la tenebrosa comerciante. De improviso, sonó el teléfono tres veces y colgaron. Todo quedó en tinieblas y en la más absoluta oscuridad.

(Continuará...)