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martes, 13 de enero de 2015

CONTINUACIÓN

Ya estamos mi hija Marisa y yo en el centro médico a las afueras de la ciudad. Hemos dejado al pequeño Alfred tercero,  en el cuarto de juegos y cuidado de niños que tiene el ambulatorio. Hay cuatro chicas muy jóvenes pendientes de los críos. Nos han indicado que hay tres horas de lista de espera. He empezado a valorar la sala de aquí, en la lejanía, está situada la máquina de alimentos y la de bebidas. A nuestra izquierda, se encuentra la máquina de cafés y una fuente de agua potable. Es un centro muy caro, pero merece la pena porque el Doctor Jammy es el mejor de toda la comarca. Es médico general. Los especialistas ejercen en las cuatro plantas superiores.

Después de mucho tiempo, la enfermera sale con su lista de pacientes y nombra mi nombre:

-  Alicia Tomson, la siguiente. ¿Está usted acompañada?

-  Vengo con mi hija Marisa  -  contesté yo.

-  Pasen las dos. Disculpen por el retraso  -  nos explicó la auxiliar  -  hoy hemos tenido dos infartos y tres accidentes de urgencia.

El facultativo me observa detenidamente. Par mí, que está valorando médicamente el color de mi tez y la expresividad que tengo. Sinceramente, debo de tener mala cara, me encuentro bastante enferma...

-  Siéntense, por favor -  me indicó el Doctor Jammy  -  Está un poco pálida. ¿Qué la ocurre, Sra. Tomson? ¿La puedo llamar por su nombre?

- Por supuesto, doctor  -  contesté yo muy asustada -  me llamo Alicia y mi hija Marisa.

-  Encantado, señoras -  dijo el médico con una suave voz  -  Yo me llamo Antonio. Cuénteme, Alicia, ¿por qué viene a visitarme? Mire que ponerse mala con el buen tiempo que nos está haciendo...

-  Mire Antonio -  comencé yo a decir al Doctor Jammy  -  he venido a visitarle porque hace unas tres semanas que me mareo bastante y me molesta mucho la cabeza al leer. En los últimos días me han empezado a doler un poco los ojos y veo algo borroso.

-  Vaya, vaya...  -  apuntó Antonio  -  ¿el dolor de ojos es para fuera o para dentro?

-  Es para dentro -  le contesté yo muy preocupada.

-  La tenemos que ingresar unos días-  nos explicó el médico  -  pero no se preocupen ustedes. Es algo rutinario para hacerle ahí un seguimiento más profesional. ¿Su hija venía con un bebe, verdad Alicia?

-  Sí  -  contesté yo muy triste por lo acontecido  -  es mi nuevo nieto, se llama Alfred, como el hermano de mi hija y su padre.

-  Vayan saliendo, jovencitas  -  nos animó con su alegre profesional voz  -  mi secretaria llamará a su marido. Si quiere, llame usted a sus seres queridos y amigos. Tiene cuatro horas de espera para el traslado al hospital. Es lo que tardan en dar la cama en las plantas.

Nos hemos sentado en el sofá de dos asientos de la sala de espera. Mi hija Marisa me coge la mano muy cariñosamente y empieza a llamar por su móvil a sus dos hermanos. Le indican que cogerán el primer avión a última hora de la tarde y que les mande unos Whatsapps poniendo la habitación del Hospital General.

Entre tanto, he cerrado mis ojos... Me da mucho miedo morirme y dejar a mi familia desamparada de abuela, madre y, como no, de esposa y mujer feliz. Por otro lado, yo siempre he creído en la vida después de la muerte y que en el cielo nos esperan y nos cuidan nuestros allegados. Volveré a ver mis otros seres queridos, los de mi anterior vida, tan necesitados como queridos. Empiezo a rememorar sus nombres y sus caras:

"Papá, mi hermana Marie, mi niñera Linda, mi amiga y cortada de amores la Srta. Dexton, mi maestra de vida y gran consejera, la Srta. Jeny y mi gran primer amor Daniel, Daniel Simith cuya cara me hace pasar el miedo que tengo de cruzar al otro lado..."

(Continuará...)


sábado, 3 de enero de 2015

CONTINUACIÓN

Ya han pasado las Navidades y el Fin de Año ha sido maravilloso, disfrutando de mi pequeño nuevo nietecito Alfred Tercero. Mi hija Marisa pronto partirá para Francia, quedan tan solo unos meses.

Ya han regresado mis dos hijos con sus nueras y mis niños. Vuelve la monotonía y aquella paz a la que no termino de acostumbrarme. Me hago vieja y tengo más en mi memoria que en mi acción de vida. Muchos personajes han abandonado ya la función, otros, han cambiado de escenario y tienen sus propios actos en obras principales. Me siento sola, aunque muy querida por todos. Soy afortunada. Me quejo de vicio, me suele comentar mi amado esposo Alfred.

A menudo, recuerdo mi vida anterior, pero ya me fatigo mucho a leer. Tengo la vista muy cansada. Estoy preocupada, cada vez veo menos. Iré con mi hija la semana siguiente al médico hacerme un chequeo. Es algo rutinario.

Abro mi archivo en mi PC portátil, selecciono el texto con el ratón como me enseñó mi hijo Daniel y lo amplio a la letra de tamaño veintiséis. Así, sí puedo verlo claramente. Me dirijo al prólogo que he puesto a mis memorias. Cita así:

"Alicia Domon, aquella chica que aprendió a vivir, a golpe de felicidad y a golpe de duros y nefastos momentos. Aquella joven que vivía para ser feliz y encontró lo que nadie ha tenido, una doble vida. La primera, donde han fallecido ya todo el mundo y la segunda actual, en la que me debato entre mi verdad, la duda de quién ha sido mi verdadero amor. Si Daniel Simith, mi primer novio, muerto drásticamente o mi marido Alfred Tomson, el que me cuida y me quiere honestamente, aquel suplantador de mi estimado Daniel... El que ha logrado que esté mi vida llena de plenitud, luminosidad y alegría.

En estas líneas, encontraréis toda mi vida. Os espero en mi primer acto... 

¡Bienvenidos!".

(Continuará...)