Google+ Followers

lunes, 22 de septiembre de 2014

CONTINUACIÓN

Me despierto después del precioso recuerdo de la boda de mi hermana Marie y bajo a la cocina, de puntillas para no despertar a mi esposo Alfred y a mi hija Marisa. Me he preparado una senda taza de café. Ya tengo todo encuadernado para llevar a la editorial de mi hijo Daniel. A ver si les gusta mi libro de memorias, mi día a día, mi maravillosa vida y mis seres queridos que ya no están....

De momento, sigo escribiendo cada mañana y tarde todos los acontecimientos que me suceden a diario, los imprimo y los añado al final de mi autobiografía. El título que he puesto a mi armoniosa y luminosa existencia es:

"Más allá del horizonte".

Uno muy sentido por mí. Mi hermana Marie y yo, solíamos sentarnos en la pradera de mi casa y mirar hacia un punto perdido en el universo, evadiéndonos de todo mientras el viento movía sutilmente nuestro pelo. A menudo, recuerdo una mañana en la que Marie tenía un mal de amores con un chico de la universidad de enfrente. Estábamos las dos sentadas y también nos acompañó Daniel Simith, mi gran amor. El aire nos azotaba muy levemente nuestra cara y ella lloraba y gemía por su dolor:

"La mañana se presentaba clara con leves ráfagas de aire, nuestro deber, el de Daniel y el mío, era el de permanecer al lado de mi hermana mientras ella se lamentaba y sus grandes lágrimas caían como manantiales por sus mejillas. El agua de ellas venía turbia por el dolor de su alma. Cuando se derramaba por su cara su penar, yo la agarraba la mano y mi novio Daniel, sentado a su izquierda, la cogía muy cariñosamente la otra. 

Linda se aproximó con paso ligero a nuestras espaldas. Se arrodilló sobre una toallita y abrazó con fuerza a mi hermana Marie. Le susurró a su oído el consejo mejor guardado por ella y por mí también:

-  Querida niña, salve a Dios, que los amores reñidos son malos. La vida está llena de sorpresas, de alegrías y de tormentos. Debes de aprender a lamentarte sólo lo justo y emprender en seguida, otra vez, el paso. Las pisadas sobre la carretera de piedra de este destino deben de ser firmes. Las piedras, te harán perder el equilibrio a menudo, pero ahí estarán todos tus allegados para ayudarte a levantar y seguir... siempre seguir hacia adelante y no mover la vista hacia atrás nunca. Sólo recordarás los buenos momentos de tu vida".

(Continuará...)


miércoles, 10 de septiembre de 2014

CONTINUACIÓN

Una noche en vela totalmente, no están ya los niños y echo de menos las oraciones con ellos antes de irse a dormir y sobre todo, sus grandes besos en mis mejillas. Los añoro cada segundo que pasa. Cierro los ojos, pero me es imposible conciliar el sueño. Me pongo a leer mi diario. He encendido la pequeña linternita con pinza que me regaló al llegar uno de mis hijos, es una especial para enganchar en los libros de lectura. Así no molesto a mi amado esposo que aparentemente está dormido.

Me pongo mis pequeñas lentes de lectura y abro en la página de la vivencia del día en que mi hermana Marie se casó con su único gran amor, Antonio. Un recuerdo inolvidable, en el que estaban mi padre, nuestra niñera Linda, la Srta. Dexton, la Srta. Jeny y otros amigos queridos, pero faltaba mi Daniel Simtith, ya había fallecido, por desgracia...

"El cura culminó la ceremonia con el típico :

-  Puede besar a la novia...

El recién estrenado marido de mi hermana levantó, muy lentamente, el velo de seda que cubría su rostro y le dio un apasionante beso y yo, postrada en el primer asiento junto a mi padre, rememoraba mis caricias y carantoñas con mi gran e inolvidable Daniel Simtih. Ríos de agua corrían por mis mejillas, pero era el día de Marie y tenía que estar alegre y contenta. Así que levanté la mirada y empezó la fiesta, entrañable para mis memorias..."

(Continuará...)