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martes, 24 de diciembre de 2013

CONTINUACIÓN

Llega el día de Nochebuena. Mi marido Alfred se ha cogido vacaciones para estar con nosotros. Han venido mis tres hijos, Alfred, Daniel y Marisa, con todos mis nietos. Hemos pasado este maravillo día en el centro comercial comprando lo necesario para pasar la velada de mañana.

Los niños y yo, hemos puesto el árbol de navidad y lo hemos decorado con bolas fosforitas, que son como les gusta a ellos. Hicieron muchas fotos en las que salían numerosos destellos. Mi hija y yo preparamos los ingredientes para cocinar mañana el pavo.

Estas fiestas son las mejores del año, de nuevo, todos juntos, como antaño. ¡Qué maravilloso momento, lleno de luz, armonía y felicidad! Después, a su marcha, llegará otra vez la tristeza, la melancolía y la nostalgia de su querer.

Después de cenar, nos fuimos todos a dormir. Yo, como cada noche, me dispongo a leer unas líneas de mi diario, de mi vida pasada, de mis vivencias anteriores eternamente recordadas:

"Era sábado, la brisa del delicado aire mecía los árboles de las praderas. Soñé con Daniel Simith, un sueño muy romántico. Mañana, lo volvería a ver y pasearíamos agarrados de la mano otra vez..."

(Continuará...)


lunes, 16 de diciembre de 2013

CONTINUACIÓN

En seguida, bajamos mi hermana Marie y yo a la planta baja con los libros, las libretas y las plumas estilográficas con un bote de tinta. La Srta. Jeny nos esperaba ya en el porche, salimos y nos sentamos en la mesa. Empezamos con álgebra y nos explicó cálculo matemático. Yo, no estaba donde tenía que estar y no prestaba la mínima atención. Mi mente estaba en el recuerdo de Daniel Simith. La profesora me preguntó algo, pero no me enteré. Mi hermana me dio un sutil golpe en el brazo para salir del limbo de mi pensamiento.
-Srta. Doman - dijo la Srta. Jeny - comprendo su difícil situación y entiendo que esté usted preocupada por el estado de salud de su padre, pero estamos aquí dando clases y debe de estar atenta.
-¡Qué sabrás tú lo que estoy pensando! - dije para mí misma.
- Abra usted el libro de álgebra por la página veintitrés y haga los ejercicios - insistió la profesora - supongo que se habrá enterado usted de mis clases de hoy, sino, que se lo enseñe su hermana.

Abrí por donde me había indicado e hice los deberes con la ayuda de Marie. Todos estaban bien. Habíamos terminado por hoy. Nos despedimos y nos sentamos en el salón a esperar a Linda. Yo, continuaba pensando en Daniel, contaba los segundos que quedaban para el domingo y estaba deseando que llegase para volver a verlo y pasear por las praderas cogidos de la mano.

-  Hora de apagar la luz - me dijo mi marido Alfred Tomson - ya son casi las doce, mañana continuarás leyendo tu diario. Buenas noches, mi niña.
-  Buenas noches, cielo -  lo contesté cerrando el diario y apagando la lamparita de la mesilla.

Nos dimos un beso y nos fuimos a dormir hasta el día siguiente.

(Continuará...)

domingo, 8 de diciembre de 2013

CONTINUACIÓN

Al día siguiente, mi hermana Marie y yo fuimos al hospital a ver a nuestro querido padre. Había tenido una pequeña mejoría y ya le habían quitado la máquina del pulmón artificial. Respiraba por sí solo, pero seguía en un profundo y dolido sueño. Estuvimos las dos horas permitidas y fui a la cafetería a encontrarme con mi gran amor secreto, Daniel Simith. Le rogué que hablase con el médico para que me adelantase el pronóstico de mi progenitor.
-Alicia - Me dijo con voz suave Daniel - ¿cómo se llama tu padre?
- Ricardo, Ricardo Doman - lo contesté.
- Mañana te cuento algo -dijo despidiéndose de mí dándome la mano.

La cafetería estaba llena de comensales que tenían a familiares ingresados y, como nuestro amor era oculto y nadie lo podía saber, nos despedíamos siempre con un apretón fuerte de manos. Los besos y carantoñas venían después, el domingo, en casa de la Srta. Dexton.

Salí del hospital y me encontré con mi hermana. Regresamos a casa por el sendero, todavía no había llegado el frío y se podía pasear por tan bonitas praderas y colinas. Al llegar, nos encontramos con la maestra, la Srta. Jeny, con un talante muy serio, nos dijo:
- Señoritas, se acabó el tiempo de descanso. Empezaremos las clases en veinte minutos. Suban ustedes a cambiarse y bajen con sus libros y libretas.
- Sí, Srta. Jeny - respondimos las dos con voz muy tenue - en seguida bajamos.

La Srta. Jeny era muy fría y muy seca. La odié durante todos los años que di clases particulares con ella, pero, al cabo de los años, la aprecié de verdad. Gracias a ella, mi hermana y yo, aprendimos mucho y sobre todo, nos enseñó a respetar y los valores de la vida. Según ojeo las hojas de mi diario y leo su nombre, se me empañan los ojos de lágrimas por no haber sido capaz de agradecerla y de darle dos besos en vida. Me he arrepentido mucho a lo largo de mi vida.

(continuará...)

domingo, 1 de diciembre de 2013

CONTINUACIÓN

Linda nos vino a buscar en nuestro coche a la casa de la Srta. Dexton a las cinco en punto de la tarde. Mi hermana Marie me había preguntado que tal me había ido con mi amor secreto, Daniel Simith. Le conté que maravillosamente y que nos veríamos al día siguiente en la cafetería del hospital.

-Srta. Dexton, Srta. Dexton - interrumpió nuestra niñera - ¿Qué tal se han portado las niñas? ¿La han incordiado mucho?
-¡Qué va! Son unos encantos de jovencitas - contestó la Srta. Dexton guiñándome un ojo.
-Pues me alegro - dijo Linda - hasta el próximo domingo.

Nos subimos en el vehículo que conducía nuestro chófer. Llegamos a casa, cenamos y nos fuimos a nuestra alcoba. Apunté, al pie de la letra, cada detalle, segundo a segundo, lo que había vivido en mi diario, éste que estoy leyendo ahora. Recordando en mi vejez, aquellas maravillosas horas vividas en mi juventud. ¡Cuántas personas he dejado atrás en mi camino! ¡Qué maravillosos recuerdos y cuánta tristeza de la añoranza de sus besos, abrazos y su querer!.

(continuará...)